viernes, 25 de noviembre de 2011
jueves, 14 de julio de 2011
miércoles, 6 de julio de 2011
A veces te ves totalmente superado por algo pero después ver que tenes un soporte para no explotar, una razón para seguir, un compromiso asumido con algo que va mas allá de lo individual, que sirve para seguir creciendo y para poder disfrutar más nuevas experiencias que te hace sacar fuerzas de donde no las tenes para seguir con más garra que antes-
martes, 24 de mayo de 2011
jueves, 21 de abril de 2011
viernes, 8 de abril de 2011
Todos los días me pregunto qué estoy haciendo acá con toda esta gente, qué estoy haciendo alla con las viejas caras conocidas, hasta qué punto se puede tolerar esa incertidumbre y cuánta verdad hay en todo este planteo. Después de tratar de buscarle algún tipo de respuestas a las preguntas retóricas de todos los días termino pensando de que el "no soy de aquí ni soy de alla" no es más que una sensación abstracta que se va cuando comprobas que hay cosas que,a pesar de todo, siguen igual.
martes, 5 de abril de 2011
martes, 8 de marzo de 2011
lunes, 7 de marzo de 2011
martes, 1 de marzo de 2011
Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en en dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle.
Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.
Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.
Etiquetas:
Historia de Cronopios y de famas,
Julio Cortázar
martes, 15 de febrero de 2011
lunes, 14 de febrero de 2011
jueves, 3 de febrero de 2011
Esa extraña sensación de que todo sigue igual sin importar el paso del tiempo parece brindar la seguridad de que a pesar de los años las cosas no van a cambiar demasiado, que siempre van a tener la misma esencia. La carencia de cambio hace que la ausencia por un período prolongado se note menos y que retornar a eso sea retornar a algo conocido, a algo seguro y confiable, aunque esté en algún lugar perdido de nuestra memoria.
martes, 1 de febrero de 2011
Manual de Instrucciones
La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en
la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el
paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que
todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo
sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de
enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero «Hotel de
Belgique».
Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en
cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que
ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el
acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría
transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta
luego, querida. Que te vaya bien.
Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su
advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta,
negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto
más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver
el café.
Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las
mismas. Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la
novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de
nuestros anteojos, ¿por qué estaría mal? Pero como un toro triste hay que
agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia afuera,
hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del
toro. Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y acepta
taimadamente su nombre de nube, su réplica catalogada en la memoria. No
creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por qué te los
daría? Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo
de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío.
Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro de la pared y ábrete
paso. ¡Oh, como cantan en el piso de arriba! Hay un piso de arriba en esta
casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no
sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de
pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego
ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón
pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado,
no todo está perdido. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré
que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las casas ya
sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante
puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer
cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las
pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de
cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el
diario a la esquina.
Julio Cortázar, Historia de Cronopios y de Famas
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